En Paraná hay una postal que se repite con demasiada frecuencia: dirigentes que dejan sus cargos, pero nunca abandonan el centro de la escena. Cambian las autoridades, cambian los nombres en los organigramas, pero las voces siguen siendo las mismas.
El caso de Paula Armándola y Alejandro Canepa expone esa lógica.
Armándola continúa siendo consultada por Elonce y otros medios como referencia del mercado inmobiliario, aun después de haber dejado la presidencia del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Entre Ríos. Su salida de la institución estuvo rodeada de cuestionamientos y denuncias internas que marcaron el final de su gestión. Sin embargo, para buena parte de los medios sigue ocupando el rol de portavoz casi exclusiva del sector.
El otro ejemplo es el de Canepa. Aunque ya no preside la Asociación de la Magistratura y la Función Judicial de Entre Ríos, continúa encabezando reuniones institucionales, fijando posición pública y apareciendo como la voz cantante de la entidad. Un hecho poco habitual para una institución que ya eligió nuevas autoridades y que, en términos institucionales, debería tener una representación claramente definida.
No se trata de discutir la trayectoria profesional de ninguno de los dos. El interrogante es otro: ¿por qué en Paraná siempre hablan los mismos? ¿Por qué quienes ya no ocupan los cargos siguen monopolizando la representación pública mientras las nuevas autoridades permanecen prácticamente invisibles?
La renovación institucional no puede limitarse al cambio de nombres en un acta. También implica que quienes fueron elegidos para conducir hablen, den explicaciones y asuman el protagonismo que les corresponde. De lo contrario, las instituciones terminan funcionando con autoridades formales y referentes informales, una mezcla que debilita la transparencia y la responsabilidad política.
La capital entrerriana parece aferrarse a una lógica de clubes cerrados, donde los dirigentes nunca terminan de irse. Se reciclan, conservan influencia y continúan marcando la agenda pública aun cuando ya no tienen el mandato institucional para hacerlo.
La pregunta no apunta solamente a Armándola o a Canepa. Apunta a una cultura política e institucional que parece resistirse a la renovación. Una casta paranaense donde los cargos pasan, pero los voceros de siempre permanecen. Y mientras eso ocurra, la verdadera alternancia seguirá siendo más una formalidad administrativa que un cambio real.





















