Volvió de sus vacaciones el fiscal Guaita y, con su regreso, se reactivó la expectativa de que finalmente haya avances en causas resonantes de Victoria.
Fundamentalmente —y así lo adelanta el propio título— hya una ciudad entera esperandolo hace 20 dias en la causa por las chicas que murieron en el incendio, un expediente que todavía espera respuestas concretas.
Sin embargo, la experiencia invita a la cautela. En el foro local, Guaita es conocido por el apodo “TortuGuaita”, un juego de palabras que resume una reputación construida a lo largo de los años: lentitud, falta de reacción y escasa efectividad. Así como en 25 años no logró titularizar su cargo —y todo indica que podría jubilarse como suplente—, tampoco se lo asocia a investigaciones que avancen con decisión o lleguen a resultados claros.
A esto se suma un perfil profesional que muchos describen como ambiguo. Se comenta que habla con frecuencia con la política local y que mantiene contactos que excederían la prudente distancia que debería guardar un fiscal. Incluso, según trascendidos en la ciudad, llega a mantener informados a dirigentes sobre el estado de causas que los involucran, enviando mensajes que luego circulan entre terceros y letrados. En una ciudad chica, esos gestos no pasan inadvertidos. Hay un audio viralizado donde pide a una persona que no se presente a elecciones para avanzar en un acuerdo abreviado.
Protegido por el entramado del Poder Judicial de Victoria, Guaita vuelve ahora a escena. Y con él vuelve la misma pregunta de siempre: si esta vez “TortuGuaita” podrá, al menos, avanzar en algo. Aunque sea en una causa. Aunque sea una. Porque lo que la sociedad espera no es velocidad récord, sino resultados, después de tantos años de espera.
























