A las 00:13 del 1° de enero, el Túnel Subfluvial inauguró el 2026 con un gesto tan simbólico como oportuno: al primer visitante del año le ofrecieron brindis, una rodaja de pan dulce, un vaso de naranjada y un obsequio, en una escena cuidadosamente difundida como muestra de “cercanía” y “bienvenida cálida”.
El gesto contrastó —y mucho— con lo que todavía resuena bajo el asfalto del túnel: el escándalo por sobreprecios millonarios en obras de reparación, revelado por el medio periodístico RICARDO DAVID, que expuso una adjudicación por más de 433 millones de pesos a la empresa Norvial para la reparación de losas de hormigón.
Según la investigación, los trabajos abarcan 1.865 m², con valores pagados que rondan los $230.000 por metro cuadrado, cuando el precio de mercado para ese tipo de obra se ubica cerca de los $170.000/m², lo que arroja un sobreprecio cercano al 70%. A eso se suman cuestionamientos técnicos, con informes que indican que el hormigón no habría alcanzado la resistencia exigida (38 MPa requeridos frente a resultados de 20 MPa), lo que derivó en la paralización de la obra.
En la estructura de decisión aparecen nombres concretos: Sergio Espinosa, Sebastián Caminos y Sebastián Barbona por Santa Fe; Aníbal Vergara por Entre Ríos, y una Comisión Interministerial integrada, entre otros, por Gustavo Puccini, Pablo Olivares, Fabián Boleas y Hernán Jacob, encargada de convalidar o revisar lo actuado.
Nada de eso estuvo presente en el brindis. Nada de eso entró en el reel. Pan dulce para la foto. Naranjada para el primer cruce del año.
Pero el sobreprecio, los contratos inflados y las responsabilidades siguen ahí, sin brindar, sin música y sin respuesta.
El humo salió con platillo.
Pero la caldera sigue encendida.























