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¿PARANÁ, ENTRE LAS MEJORES CIUDADES PARA CRIAR NIÑOS? LA LETRA CHICA DEL RANKING QUE SE VOLVIÓ TITULAR

En las últimas horas se difundió con entusiasmo un ranking que ubica a Paraná entre las mejores ciudades argentinas para criar niños menores de cinco años. La noticia, replicada por distintos medios, presenta el resultado como una prueba del buen presente de la capital entrerriana. Sin embargo, una lectura más detenida del estudio muestra que existen varios aspectos que merecen ser puestos en contexto.

Lo primero que debe decirse es que no se trata de un ranking histórico ni de una medición consolidada. El denominado Índice NIDO, elaborado por la Fundación Bunge y Born, fue presentado por primera vez este año. Al no existir ediciones anteriores, no es posible saber si Paraná mejoró, empeoró o simplemente ocupa esa posición por la metodología utilizada.

El segundo punto es aún más relevante. La propia metodología del trabajo indica que el índice fue construido principalmente con información proveniente del Censo Nacional 2022 y de otras bases oficiales disponibles. En otras palabras, el ranking difundido en 2026 describe una realidad basada, en gran medida, en datos de hace cuatro años.

Además, el estudio no pretende medir la calidad de vida general de una ciudad. Evalúa únicamente variables relacionadas con la primera infancia: acceso a servicios de salud, educación, contexto socioeconómico y disponibilidad de espacios verdes. Son indicadores valiosos, pero limitados.

Quedan fuera del análisis cuestiones que cualquier familia considera fundamentales al momento de criar un hijo: la calidad y continuidad del servicio de agua potable, la seguridad cotidiana, el estado de las calles, el transporte público, el mantenimiento de los espacios públicos, la limpieza urbana y el funcionamiento efectivo de los servicios municipales.

Otro aspecto poco mencionado es que el ranking solo compara ciudades de más de 100.000 habitantes. Es una decisión metodológica razonable para trabajar con centros urbanos de tamaño similar, pero significa que Paraná no fue comparada con todas las localidades argentinas, sino únicamente con un grupo específico de ciudades.

Nada de esto invalida el trabajo realizado por la Fundación Bunge y Born. Al contrario, constituye una herramienta interesante para orientar políticas públicas destinadas a la primera infancia. Lo que sí invita a la prudencia es la forma en que muchas veces se presentan sus resultados.

Una buena ubicación en un índice estadístico no convierte automáticamente a una ciudad en un modelo de calidad de vida. Los rankings son herramientas de análisis, no certificados de excelencia. Reflejan aquello que deciden medir y dejan inevitablemente afuera otras dimensiones igual de importantes.

Por eso, más que celebrar un séptimo puesto como una verdad definitiva, el desafío debería ser preguntarse si esa fotografía estadística coincide con la experiencia cotidiana de quienes viven en Paraná. Porque una ciudad no se evalúa solamente por los indicadores que aparecen en una planilla, sino también por la realidad que enfrentan sus vecinos todos los días.